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Terror psicológico · Suspenso · Misterio
Pasá, que la lámpara está prendida. En este cuarto se escriben, de noche. Recorrelo: cada historia te espera en algún rincón, lista para irse con vos.
Explorar libros →Cada uno guarda algo distinto.
Escribo de noche, en Bahía Blanca.
A los doce años me prestaron Monkey Island en siete diskettes. No fue el juego: fue descubrir que alguien, en algún lado, se había sentado a inventar un mundo entero y después había construido la herramienta para poder contarlo.
Treinta años después sigo haciendo lo mismo. Guardé ideas en un archivo de texto durante casi toda mi vida adulta, hasta que un día ese archivo se convirtió en un libro. Y ya no paró.
Hubo un testigo de casi todas esas noches: Athos, mi ovejero alemán. Dormía a mis pies mientras yo escribía, con una oreja parada y la otra doblada hacia adelante.
Oyó cada capítulo en voz alta, recién escrito. «Vos me entendés, viejo», le decía. Siempre me entendió.
Se fue en invierno, después de doce años y medio. Descansa bajo un árbol, al costado de la ruta donde íbamos a tomar mate. Sigo escribiendo de noche. Y sigo leyendo en voz alta.
Los lugares de este expediente existen.
Los visité. Algunos me dieron la idea. Eso es todo lo que hicieron.
Lo que se cuenta en los libros es ficción. Los hechos, las personas y lo que ocurre en las novelas no corresponden a la historia real de estos lugares, ni a nadie que haya vivido o trabajado en ellos. Los nombres quedan afuera a propósito.
Copia de contacto.
Un cuento · Quince fotos · Quince huecos
Te invito a leer un relato breve, gratis. Pasa por caminos que tal vez ya recorriste, y hay alguien adentro que quizás reconozcas. Si todavía no leíste nada mío, no importa: se sostiene solo, y puede ser una buena puerta de entrada.
Todavía se está revelando.
Sale muy pronto
Sin registro, sin correo. Se baja y listo.
Algunas imágenes siguen revelándose.— gastonmz
Lo que quedó después de cerrar el libro.